El 8 de marzo de 1999, el entonces presidente del Ecuador, Jamil Mahuad, decretó un feriado bancario y el congelamiento de depósitos, afectando con esta medida a cientos de miles de personas en el país. Cundió el descontrol económico y la inflación superó los 20.000 sucres por dólar. En este contexto, y sin que medie ningún estudio o medida preparatoria para la población, poco tiempo después se decretó la dolarización de la economía ecuatoriana.

Más allá del descalabro financiero, en términos sociales, todo esto se tradujo en pérdidas que se vieron reflejadas en gran sufrimiento para las mayorías:  recesión, crecimiento de los índices de pobreza e indigencia que deterioran las condiciones de vida, tasas elevadas de desempleo con el consecuente crecimiento de los cinturones de pobreza, quiebre de un sinnúmero de empresas, y la mayor ola de migración a Norteamérica y Europa, proyectada en el consecuente abandono del campo y la ciudad y las devastadoras rupturas familiares.

Es así que a 13 años de estos acontecimientos, y bajo la lógica de los profundos cambios que devinieron de las pérdidas económicas, pero sobre todo sociales, consideramos importante recuperar las memorias latentes en el imaginario colectivo, a través de un concurso que invite no sólo a recordar, sino a interpretar, resignificar y representar desde la creación artística lo que implicó para cada uno de los ecuatorianos y ecuatorianas, este periodo histórico del país; periodo que marcó de una vez y para siempre su vida presente y futura.

Las sociedades elaboran constantemente estrategias de apropiación o de asimilación de lo pasado, puesto que no es algo inerte. Y estos recuerdos recuperados, los hechos evocados, las heridas no cicatrizadas, la existencia perdida, se enfrentan a las historias oficiales y a formas de olvido que muchas veces se nos imponen desde el poder. Y no es sino el arte quien mejor propicia, en palabras e imágenes, esa confluencia de la memoria.

¿Y por qué el cuento y la caricatura para esta conjuración de la memoria? Porque creemos que ambas formas de creación artística permiten conferir significados ricos y profundos a hechos del pasado, reasignándoles un lugar en la vida de los sujetos y de la colectividad presente. Y porque además, tanto el cuento como la caricatura invitan a los miembros de la comunidad, de manera inclusiva, a generar nuevas miradas, voces y perspectivas en la reconstrucción de la memoria alrededor de estos hechos históricos nacionales.

“El pasado es arcilla que el presente labra a su antojo. Interminablemente”, dijo el escritor argentino Jorge Luís Borges.  Y qué mejor que comenzar a moldear nuestro barro a través de las palabras y los trazos de la memoria.

¡Bienvenidos al Concurso de Cuento y Caricatura Feriado Bancario!